En un fragmento de suspiro
del tiempo desolado
germinó la ira de la injusticia
como espurna de camposanto.
Quien movió los hilos
y enmarañó los ánimos,
ni se declaró ateo
ni compadeció al diablo,
obró maquinalmente humano.
Los ávidos se apresuraron a escupir,
los de medio candil a toser
y los más mundanos a asentir
sin mañana, ni aún presente, ni ayer.
A medida que nos despertamos,
se nos duerme la mano en las manos
y nadie quiere marcar la navaja,
pero ven y arrastran a palos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario