viernes, 25 de septiembre de 2009

¿Y tu pitufas, gamusino?


En la adolescencia, mi hermano bicigótico, que es hijo único, pintó una figura antropomorfa desnuda y con cresta de punk en mi paleta de mezclas, la llamó txi txin; aunque él no era consciente, estaba pintando su autorretrato.

De aquel txi txin, que ningún pincel se atrevió a ocultar con remolinos de colores secundarios, como hijos de un dios menor nacieron otros txi txin con capacidad propia de reproducción, cada uno con fisiología y personalidad propia, ampliando una familia extensa horizontal que creció y creció con el paso de los años: la familia txi txin, cuyo vínculo de asociación peculiar no fue la consaguinidad, sino la amistad y el respeto.

Pero txi txin no fue el primero en su estirpe. En la historia de la ilustración gráfica aparecen personajes de similar naturaleza, como los azulados pitufos de Peyo, los pícaros golpistas de Hergé o los prudentes y desapercibidos petisos de Jan, que se caracterizan por difundir la idea de igualdad entre los diferentes miembros de un grupo, aunque desde diferentes perspectivas. De todos ellos, quizás los que mantengan mayor parecido con los txi txin sean los petisos, incluso en trazo y color; pero en reconocimiento a la originalidad de mi hermano debo decir que por aquel entonces él no sabía que existían, siendo su brote de inspiración ajeno al trabajo del maestro Jan.

Ahora, ¿qué es un txi txin?, ¿por qué se escribe en minúsculas?, ¿por qué no tiene plural? Es difícil de determinar, pero un txi txin es un uno individual y, a la par, cada uno de los txi txin; se representa a sí mismo y al conjunto de la familia, es un sujeto gregario que comparte status y derechos con los miembros de su unidad grupal, un ente que se confunde entre la individualidad y el conjunto; nunca sabes, aunque veas a varios juntos, si son partes de un todo o un todo que se divide en partes. Sin embargo, lo trascendental no es el txi txin en sí, sino lo que representa: la unidad común.

Si los txi txin se alzasen algún día en revolución, ardería Barcelona, y como decía hace años un gato con nombre propio: si hubiese sido de día, habría pasado de largo, pero, señores, era de noche y todos los gatos son pardos.

Lamentablemente, esta ciudad, este país, este planeta, tendrán que esperar para ser un lugar más justo y txi txinario.

martes, 22 de septiembre de 2009

Delirium tremens

Me decía mi hermano menor, desde que has dejado el bourbon apenas escribes, y tiene razón. Pero antes de reflexionar si mi creatividad sufre síndrome de abstinencia, me gustaría definir uno de los conceptos que aparecerá en estas líneas: la producción cultural personal. Asociar el arte a mis composiciones, ya sean plásticas o literarias, me violenta. Desde que empecé a escribir poemas, mejor o peor, tengo claro que mis versos no alcanzan la poesía, a excepción de unos pocos que indulto por el sentimiento profundo que me indujo a escribirlos; popularmente tenemos el desliz de confundir ambos sustantivos como sinónimos, siendo frecuente escuchar escribo poesía, en lugar de escribo poemas, pero debemos ser prudentes y evitar este tipo de error, puesto que no hace justicia al virtuosismo artístico que encierra la verdadera poesía. En mi caso, el único que tengo derecho a clasificar, está claro: mis versos no son poesía, pero si una producción literaria que contribuye a mi desarrollo personal y cultural, influya ésta o no en mi entorno social inmediato. Aclarado esto, ¿qué significa que mis composiciones culturales estén empapadas de whisky americano?, significa que mi impulso creativo, desafortunadamente para mi ego, aunque siempre hay excepciones, se encuentra asociado a ciertos estados emocionales melancólicos, intensos y extremos. La estabilidad emocional, quiera o no, influye en mi creatividad, no porque limite la capacidad de crear (ésta con dedicación y práctica siempre se puede potenciar), sino porque pierdo los sentimientos que retroalimentan mi productividad, emociones derivadas de la construcción de la propia obra y que recompensan mi espíritu creador con una satisfacción sublime que refuerza la conducta o voluntad de seguir ampliando mi personal producción cultural.
Es cierto que me he estabilizado y escribo menos, pero eso es un buen síntoma que mi salud emocional agradece, más teniendo en cuenta que no regreso a un punto de partida no deseado y que sigo desgarrando mis adentros para cambiar en mí todo aquello que no me satisface como persona.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Semántica de una reconciliación

RE(tro): Prefijo que lleva a un lugar o tiempo anterior al significado de la palabra simple.
CON (contra, para, por, según): Preposición. Indica medio, modo o instrumento que sirve para hacer algo.
CI(catriz): Señal que queda después de cerrarse una herida o llaga. / Figurado. Huella que deja en el ánimo algún sentimiento.
LIA (miente, embauca, engaña, tima, falsifica, falsea, despista, tergiversa, adultera, enreda, seduce, estafa): Acción de liar.
(reac)CIÓN: Acción provocada por otra y de sentido contrario.

martes, 15 de septiembre de 2009

Semántica de un fracaso matrimonial

Dices que no estás bien en el trabajo, que tu nómina es baja, que tu jefe se aprovecha y uno de tus compañeros te hace la vida imposible; dices que no te revisan el salario, que en el contrato no aparece la categoría que te corresponde, que no te tienen en cuanta en los ascensos, que nunca aprueban tu cuadrante de vacaciones; dices que has perdido tu vida social, que tus amigos no te llaman, que cuando quedas con ellos no consideran tu opinión en las decisiones, que te incomoda su distancia, que parece que no se alegren de verte; dices que te pone de los nervios que no te comprendan, que discutir te agria el carácter, que te agobias y prefieres quedarte en casa, pero te pudre encerrarte y no soportas el ruido de los vecinos, no toleras que el barrio se haya llenado de inmigrantes; dices que todo está desordenado en estas cuatro paredes, que no colaboro en las tareas del hogar y descuido la educación de nuestros hijos; dices que no me preocupo de tus cosas, que he cambiado, que sientes en tu interior un enorme vacío y que ya no me quieres. Dices tantas cosas que no te escucho, amor, que no puedo, aunque lo intente, seguir escuchándote.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

(La novena plaga): Sobredosis

Qué disgusto el padre de Ismael cuando escuchando el crescendo de su canción favorita de Supertramp, su hijo de doce años le dijo que quería ser narco, ¿querrás decir artista, insensato?; no, papá: narco, quiero ser narcotraficante.

Debo pasar más tiempo con mi familia, pensó, este niño consume demasiada televisión, quizás sacó la idea de algún personaje de cómic o de aquel juego de consola que su hermano le regaló para su cumpleaños, y en un arranque de responsabilidad decidió no hacer más horas extras en el trabajo, no tomar una copichuela en el bar antes de llegar a casa por las noches y comprar una 9 mm Parabellum en el mercado negro para hacer prácticas de tiro con su hijo en el campo.

Ves demasiadas películas policiacas bajadas de Internet, recriminó la esposa del padre de Ismael a su marido, las pistolas son cosa de dinosaurios, cómprale al niño una metralleta de repetición, no sea que luego tenga carencias en su formación y no encuentre trabajo.

Recapacitar un poco, les advirtió el hijo mayor de los padres del hermano de Ismael fumando un cigarrillo liado, queréis construir la casa por el tejado, antes de comprarle un arma debería saber qué son los narcóticos, así que llamó a su marchante y le pidió un muestrario de primera calidad.

Surtido de estupefacientes en mano, el hermano de doce años del hijo mayor de los padres del hermano de Ismael fue tomando una tras otra las muestras del estuche del marchante a la par que leía en la pestaña de los compartimentos el nombre de las sustancias. No seas ansioso, le recriminó su hermano, disfruta de tu rito iniciático, aún te quedan muchas materias para graduarte, pero por alguna razón él ya no escuchaba; sufría una rigidez intensa en la boca que le obligaba a abrirla, notando como las comisuras de los labios se le desgarraban mientras su mandíbula inferior, desencajada, tiraba hacia abajo con fuerza, igual que si se la arrancasen. La inercia del dolor le obligó a inclinar la cabeza hacia atrás y mirar el cielo. Ante el asombro de sus familiares, su lengua desapareció en la profundidad de una laringe dilatada y su boca siguió partiéndose, amoldándose elástica la fina mucosa de los belfos a un crecimiento que devoraba su piel y huesos, abriendo camino en paralelo hacia la nuez y frente, engullidos ya mentón, nariz y ojos, avanzando sin escrúpulos y perfilando un agujero cada vez mayor, cada vez más grande y descomunal, cada vez más cerca del suelo, modelando reversible un cuerpo que menguaba y acabó desapareciendo. Los familiares de la boca de Ismael, viendo que ésta no paraba de crecer, se arrodillaron con precaución cerca del abismo para despedirse, lo último que le oyeron decir con un soplo de voz tenue fue: soy el ombligo del mundo; después, huyeron despavoridos sin saber qué dirección tomar, aquella fosa se extendía como las ondas de una pedrada en un lago, circular, insaciable, devastando la tierra a su paso, igual que antes hizo con su propia carne y entrañas, con la carne y entrañas del cuerpo de Ismael.

lunes, 7 de septiembre de 2009

La manipulación de la Historia

Entre amigos, un sábado de recreo con asado argentino en las barbacoas, uno de nosotros con problemas de sociabilidad preguntaba: ¿qué sois vosotros?, ¿cazadores o sedentarios? Los cazadores, argumentaba mientras miraba a un grupo de familias con cámaras digitales de última tecnología, no han sobrevivido porque arrasan con lo que encuentran en su camino, se lo comen todo, en cambio los sedentarios ahí están, se mantienen.

Era obvio que los cazadores eran los cazados por sus ojos neuróticos que no comparten ciertos modus vivendi consumistas, pero como el paralelismo no fue acertado y no tenía ganas de criticar, evité el envite con un tangente no entro en conversaciones que falsifican la Historia.

Yo estoy convencido que en el fondo él quiere ser un cazador, salir de su ostracismo y sentirse uno más, alguien que le digan tú eres normal, corriente y vulgar, estás con nosotros, amigo, no te dejaremos solo mientras tus piernas puedan correr y tus brazos tensar un arco, pero como cruza los conceptos y no se da cuenta que esta figura corresponde al sedentario, su conciencia no asume que ya es un falso cazador más en el asentamiento, aunque inadaptado.

Dejemos a los cazadores-recolectores en su contexto, las cosas les iban mucho mejor antes de asentarse y cultivar sus desgracias.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Pretendiente descatalogado

[El siguiente relato está basado en hechos reales, por petición explícita de los protagonistas, los nombres y personajes que aparecen son ficticios, cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia.]

Me tendió su mano y lo primero que pensé fue se las habrá lavado tras su última visita, espero, porque su sonrisa, pegada a esa cabeza sin cuello, no me acabó de gustar. Los muebles de la habitación eran viejos, de colores fríos que absorbían la poca luz procedente de una ventana con la persiana medio bajada. La escasa iluminación entenebrecía el ambiente de la consulta, perfilando el rechoncho cuerpo de un urólogo de ojos saltones, embutido en una bata blanca bien planchada, que parecía proyectarse hacia mí como un fotograma tridimensional.

Usted dirá, y qué le digo, que tengo una disfunción sexual, por ejemplo, eyaculación precoz, no, doctor, impotencia, no, doctor, pienso que es más complejo, pues verá, interesante, y le digo, interesante, aunque luego, interesante, interesante, interesante, ¿patologías previas?, no, doctor, algún tipo de trauma, ¿está de guasa?, le voy a recetar estas pastillas, son un sucedáneo de la viagra, pero doctor, creo que no me he explicado bien; entonces me miró de perfil, con sus ojos de rana, el hombro del codo apoyado en la mesa ligeramente levantado y sentenció, no se preocupe, tómese esta pastilla una hora antes del acto y tendrá usted una buena erección, le digo doctor que, claro, claro, reclinándose un poquito más sobre la mesa y el formulario de recetas, una erección potente, duradera, ya sabe, muy potente, volvió a insistir, sólo le faltó guiñarme el ojo y chasquear su lengua contra el paladar, seguro que de hacerlo, hubiese podido ver un destello reluciente en uno de sus dientes.

Un fracaso, me dije a mí mismo al salir de la farmacia con el sucedáneo de viagra en el bolsillo, tienes que tomar otra iniciativa y olvidarte de estas pastillas, prueba en una agencia matrimonial, seguro que te encuentran una pareja a la medida, tomas confianza y recuperas la normalidad.

Después de algunos test, videos y selección de candidatas, llamaron de la agencia para concertar varias entrevistas. El día señalado fui puntual. Me atendió una mujer entrada en edad, pero bien conservada, lucía con coquetería particular su pelo teñido de azul con reflejos lilas y un escote ombliguero, enseguida vendrá la otra parte interesada, siéntese, me instó, acomodándome en una sala con dos sillones de pluma, una mesita con todo tipo de bebidas refrescantes, alguna graduada, cuadros de campiñas inglesas y mareas embravecidas, un perchero de cuatro colgantes y una cajonera con revistas de moda en su interior. Entonces la puerta volvió a abrirse y entró, pretendida y pretendiente, embriagada de belleza, más hermosa que en el catálogo, de labios carnosos y pestañas de gata, ladrona de suspiros y amén; en lugar de un hola se me escapó un hoala extraño, delator, ella se dio cuenta, especulé: si es tan guapa no puede ser inteligente, pero me equivoqué. Después de la presentación física oficial y un qué hace una chica como tú en un lugar como éste, nos enzarzamos en una conversación interesante, reveladora, rendido a sus pies no hacía más que pensar, dínoslo ya, dínoslo, tú sabes quién mató a Kennedy, tú serás mi nueva garganta profunda. Qué derrota tan dulce, qué sumisión tan placentera, tengo que sorprenderla, enamorarla, le diré que tengo que ausentarme un momentito al servicio y tomaré la pastilla, eso, sí, tomaré la pastilla y entraré de nuevo decidido, trabuco, ruin me lanzaré a su cuello y haremos el amor descosidamente hasta el éxtasis, hasta quedar exhaustos, empapados de sudor y plumas de sofá, adulterados por el perfume de nuestros fluidos y vicios carnales, discúlpame, en seguida regreso, no tardaré.

Al entrar en la sala mi musa no estaba, se habrá ausentado al servicio, deduje, qué mejor momento, aprovechando mi interrupción. Pasaron algunos minutos, pero no me inquieté, mejor, así tendrá la medicación margen para hacer efecto. Pasaron algunos minutos más y comencé a ponerme nervioso, notando un pequeño rictus en mi mandíbula inferior, vaya, las contraindicaciones del prospecto cuando advertían de posible rigidez muscular no se referirían a esto, me pregunté, malditas pastillas, no te alteres, ya baja el pomo de la puerta, ya regresa, ya no entiendo, ya qué pasa aquí, quién es esta mujer de minifalda con piernas musculosas y cadera recta que me saluda con un hola de pronunciada [ò] gutural y tapa su cuello con un pañuelo estampado, hola, insiste, ¿se te ha comido la lengua el gato?, pero no puedo responder, mi boca está tiesa, gripada, no te conozco, la chica de antes dice que da por concluida la entrevista, que tiene suficiente, que no le interesas, yo soy Manoli, encantada, pero qué Manoli, de dónde sales, Manoli, sí, la experta en photoshop, ¿¡Manuela!?, y se sienta y se enrolla y no para de mascullar, pienso: pero si es un hombre, diría que es un hombre, y le hago un gesto señalando mis dientes e intentando verbalizar como un ventrílocuo, pero si esta cosita habla, dice mientras se levanta y se vuelve a sentar más cerca, esta vez en el mismo sofá, dime, dime, como si le hubieran dado sopa de letras para comer, no para y sigue dándome palique y yo comienzo a notar los efectos del fármaco y aquello que sube y Manuela cada vez más cerca, pegando su oreja a mis labios, acomodando su mano en mi rodilla y desplazándola sutilmente hacia la ingle, estrechando sus gemelos afeitados en un cruzar de piernas víctima de la excitación, y yo cada vez más pepino, más erecto y menos sapiens, más autómata y fuera de control, pensando desesperado: es un hombre, esta pava es un tío; y farfullo mmm, mmm, y me responde, ya me doy cuenta, ya, guap[o] mío, que te alegras de verme.