jueves, 30 de abril de 2009
El Pánico de ser visto distinto
No conozco la obra de Goya lo suficiente como para hacer valoraciones, pero ésta, en concreto, es la única que tengo presente en la que aparece simbología mitológica, detalle que siempre me chocó. A Goya lo asocio al costumbrismo y los retratos de Corte. Sería lo más parecido a un fotógrafo de Palacio hoy en día. Quizás sea la singularidad de esta obra la que hace que la aprecie tanto.
No hace mucho, en un telediario, informaron que este lienzo no pertenecía a Goya, sino a un discípulo suyo. Es irónico que la obra que más te gusta de un artista no sea suya. Esto no hará que mi opinión sobre Goya cambie, tampoco cambiará mi opinión sobre el discípulo. Supongo que algo parecido pasará con el resto de la opinión pública. Lejos quedará este discípulo de adquirir los laureles de su maestro.
Es en la sobra, en un segundo plano, donde quedan los héroes anónimos, las hormigas trabajadoras, los gatos negros que se cruzan, el trece en un martes, en fin, aquello que siendo igual que sus iguales no se aprecia debidamente y se desmerece.
viernes, 24 de abril de 2009
Terapia por conducción
La idea parecía interesante y accedí.
Antesdeayer me llamaron para concretar fecha y hora de una reunión. Me convocaron en un lugar informal, una cafetería, y especificaron que la persona de contacto se presentaría con una carpeta del Servei Català de Salut con el logo serigrafiado.
Acudí a la reunión. Allí se encontraba la persona de contacto con la carpeta de seña. Me presenté y pedí un café. Estuvimos un tiempo hablando: un poco del tiempo meteorológico, otro poquito de las conversaciones de ascensor que tienen como tema central el tiempo meteorológico, en fin, conociéndonos. El café se quedó corto y con el paso de los minutos le sumé dos refrescos más. Estos dieron para buscar unas cuantas soluciones a los problemas del mundo.
Como observé que no tenía prisa por entrar en detalles, acabé preguntándole por el motivo de la reunión. Resulta que su médico de cabecera le había diagnosticado una hiperactividad galopante. Como terapia le prescribieron un vampiro energético y el centro de salud se comprometió a organizarle las sesiones. Y en eso estaba, ¿no?
miércoles, 22 de abril de 2009
Terco y cabezón, pero moldeable
Otra característica de los seres humanos es su sociabilidad. Seguramente, no será cuestión de azar que este condicionante y los dos expuestos anteriormente nos hayan llevado a la cúspide de la pirámide alimenticia del planeta.
Esta realidad se aprecia con claridad en las reuniones de vecinos de mi comunidad. Darwin podría haber tenido una inspiración similar para su teoría de la evolución de las especies.
Como especie, tenemos un potencial de cojones. Lo queremos todo y si podemos mejorar lo que ya se tiene, pues también. Pero entonces, ¿por qué las cosas no pueden ir bien para todo el mundo?
En la mayoría de sociedades profesa la cultura de la insatisfacción y el miedo. Entre muchas otras cosas, nos educan para querer un coche mejor, desear a la mujer del vecino o soñar con una vida ociosa sin tener que trabajar. Al mismo tiempo nos inducen a tener miedo desde pequeños y miedo es temer al hombre del saco, perder el status social y económico conseguido o tener una autoestima baja.
¿No sería oportuno que científicos, aparejadores, políticos, economistas, fontaneros, educadores, dependientes, cocineros, humanistas, juristas, y un largo etcétera, comenzaran a cuestionarse cómo sociabilizarnos, lejos del miedo y la insatisfacción, de una manera más igualitaria desde espermatozoides?
martes, 21 de abril de 2009
La contradicción evolutiva
Este proceder hoy en día se ha institucionalizado y se le denomina I+D, la adición de Investigación y Desarrollo. Si extendemos la fórmula obtenemos que:
I+D / Orden = Contradicción
En consecuencia, I+D es el producto del Orden por la Contradicción.
La última conclusión de este estudio es que el desarrollo, entendido como innovación o cambio, no beneficia al ser humano como especie a menos que deje de concebirse la cultura como garantía del orden establecido. La Humanidad no se beneficiará de los cambios si no se produce la consecuente ruptura, modificación o eliminación del orden cultural.
jueves, 16 de abril de 2009
Dices tú de mili
En las anteriores vigilancias, con el descaro del veterano, ni me molesté en aprenderme las contraseñas, y eso que te lo ponían fácil: 3 palabras que comenzaban por la misma letra. Me apuntaba las palabras en un papel, cosa que no estaba permitida, y hacía turnos con mi compañero de garita para echar unas cuantas cabezaditas a lo largo de la noche. En esta ocasión, en cambio, el esfuerzo que podía representar aprenderse aquellas tres palabras no era comparable con el arresto que te podía caer si te pillaba el teniente con la guardia baja.
La noche no pudo vencer más perra, lloviendo a cantaros no se veía a tres metros. Para colmo, mi compañero de vigilia, Montesinos, una bellísima persona pero con una milmilésima menos de graduación en la vista que la prevista para librarte del servicio militar, no veía más allá de un metro. Le recuerdo siempre sonriendo con sus gafotas de pasta y vidrios de culo de botella. La guardia se presentaba complicada.
A eso de la una de la madrugada empezamos a ver movimiento. Los compañeros del servicio de cocina, finalizadas sus tareas, regresaban envueltos en capelinas refugiándose del aguacero. En la lejanía eran como sombras, irreconocibles. El último, algo más rezagado, en lugar de doblar la esquina y dirigirse a la entrada de la caserna, mantiene la dirección caminando hacia nuestra garita. Cuando se encuentra a tres metros, me cuadro, aún no estando seguro:
- ¡A sus órdenes, mi teniente! (Montesinos me sigue).
- ¿Por qué no me habéis pedido santo y seña?
- Porque le hemos reconocido, mi teniente -le miento-.
- Decidme el santo y seña.
De no ser porque una de las palabras clave era Barcelona, mi ciudad natal, el esfuerzo de haberme aprendido la contraseñan no hubiese servido para nada. Estaba totalmente descolocado y el teniente no hacía más que negar en silencio con la cabeza.
- Barcelona, Bonito y Bisonte.
- ¿Seguro?
- Sí, mi teniente.
Mi respuesta fue firme y me mantuve en posición dispuesto a no caer en la trampa del oficial. Pretendía hacerme dudar. Pero entonces intervino Montesinos. Con su eterna sonrisa pegada a las patillas de las gafas y sus enormes ojazos deformados por las lentes, me miró y me corrigió: Me parece que no es Bisonte, es Buey.
Tuve que apostármelo todo y comenzamos a discutir si Bisonte o si Buey ante la perpleja mirada del teniente. Nos hizo callar de manera abrupta y nos pidió que le siguiésemos. La cosa debía ser seria para que abandonásemos un puesto de vigilancia.
En la puerta del centro de mando se encontraba el cabo de guardia cambiando turnos. Al pasar por su lado, sin llegar a mirarle y sin detenerse, el teniente le increpó:
- Cabo, dígale a este par de Búfalos qué tienen que hacer.
El cabo nos miró sorprendido preguntándonos qué demonios habíamos hecho.
Estoy convencido que en el fondo la anécdota le animó la noche al teniente. El arresto que esperábamos nunca llegó y a los dos días me confirmaron la conclusión del servicio. Mi mili había finalizado.
lunes, 13 de abril de 2009
Por mi cara bonita
Las tres coincidieron en preservar la cara.
No pude resistir entrometerme y les pregunté por qué la cara y no el corazón, por ejemplo. Una de ellas respondió con rotundidad: No hay nada que un cuello de cisne, un tres cuartos y un buen sombrero no puedan remediar.
En ese preciso instante comprendí que eran modelos profesionales y que mis posibilidades en aquel casting eran nulas.
sábado, 11 de abril de 2009
La endoscopia
1. Que el acto sea público, es decir, que tenga potencialmente espectadores;
2. Que el sujeto que protagoniza la acción mantenga algún tipo de vínculo o asociación con la persona que se avergüenza;
3. Que la persona que se avergüenza no sepa que el sujeto en acción es un actor, sea esto último cierto o no.
Me encantan las salas de espera en forma de U. Cuando sucede algo interesante en las sillas de delante no tienes más que mantener la cabeza en su posición natural. Esta regla naturaliza la observación y elimina cualquier connotación de curiosidad en tu mirada si está ocurriendo algo excepcional. Claro está que esta excepcionalidad es subjetiva, puesto que el suceso que esté ocurriendo puede ser más habitual de lo que pensamos.
En fin, que no hace mucho tuve que hacerme una endoscopia y el día que fui a buscar los resultados, en la sala de espera, se sentó delante una mujer que justo salía de la sedación de la prueba. El hombre que la acompañaba lucía un enorme bigote, es lo único que recuerdo y sé de él. En el silencio de la espera, la mujer, aún con la vista perdida por los efectos del sedante, se reclinó para adelante y emitió un abrupto eructo.
Mi posición era perfecta: sentado como un cuatro, una pierna cruzada y la cabeza recta con la mirada al frente, no perdí detalle. Para entendernos, hay fenómenos que son como el relámpago de un rayo, o estás mirando en la dirección en la que sucede o ya te lo has perdido en toda su intensidad. Pese a la similitud, esta misma comparativa con el trueno no sería oportuna, puesto que no necesitas estar mirando fijamente para captar sensorialmente el sonido que emite.
Pues bien, fíjate que el bigotudo en lugar de mirar a su acompañante e interesarse por su estado, nos comienza a mirar uno por uno a todos los presentes en la sala. Y en su rueda de reconocimiento, antes de haber finalizado su recorrido, va la mujer y vuelve a reclinarse y eructar, con más intensidad si cabe.
Aquel hombre, no contento con su primera observación, realizó una segunda exploración visual para analizar reacciones, y aún haría una tercera más. La mujer estuvo generosa.
En futuras ocasiones preguntaré para confirmar mi hipótesis. Este tipo de ventosidad oral es bastante corriente cuando te realizan una endoscopia. Seguramente este señor o tiene un tic cuando su acompañante eructa o nunca se ha realizado una endoscopia.
jueves, 9 de abril de 2009
No estamos de reformas
El pasado martes me fui a confesar. No es que yo sea creyente, pero no está mal charlar de vez en cuando con un extraño, y más si es anónimo y no tienes tú que aguantar sus rollos ni pagarle como a un psicólogo.
- Ave María Purísima, lo cierto es que últimamente me encuentro apático sexualmente. Hace tiempo que no me insinúo a una mujer.
- Por favor, salga del armario.
- ¿Cómo?
- Que salga del armario de una vez.
Pues resultó que allí no había ningún cura, pero sí un paleta remendón. No es que tenga prejuicio contra los paletas ni me considere yo un erudito, pero me indigné. Mira que no saber que ese armario se llama confesionario.
Tampoco tuve con él un problema de comunicación, no, pero debí desconfiar en cuanto no me respondió al ave con un sin pecado concebida.
El párroco del centro se disculpó más tarde. Le aconsejé que colgaran un cartelito de estamos de reformas, pero me reprendió diciendo que eso podía inducir a malas interpretaciones.
miércoles, 8 de abril de 2009
El número al que llama está apagado o fuera de cobertura
Lo cierto es que siempre encuentras gente rara por ahí.
Aprovechando unos minutos que fue al servicio, yo, que soy un tipo normal, cogí el celular de su bolso y grabé mi número en su agenda de teléfonos.
En verdad os digo que todos los nombres de su agenda eran masculinos.
martes, 7 de abril de 2009
Calienta chico, entras en 3 años
En público apenas suelto palabra. En cambio, en un banquillo bramo como un becerro hasta la afonía, dando instrucciones y más instrucciones de juego.
Mi entrenador me ha mirado y ha dicho, calienta chico, entras en 3 años. Él sabe que es el lider del grupo y el capitán el lider de los jugadores titulares, pero también es consciente que yo soy el lider del banquillo.
Debo calentar rápido, 3 años pasan rápido.