Esta noche he tenido un mal sueño, estaba con mi pareja en una casa desconocida, cuyo anfitrión era mi compañero de piso, pero ella desapareció y no sabía si su presencia había sido real o imaginada, así que empecé a pensar que sufría brotes de amnesia, hasta que mi compañero y mi pareja, de nuevo presentes, me desvelaron que me estaban gastando una broma; entonces, enfadado, me marché mientras ellos se sentaron a cenar en una mesa cuadrada de enormes dimensiones en la que compartían plato con amigos de ambos no comunes.
Este sueño no es fortuito, es fruto de una preocupación, un conflicto menor que no acabo de gestionar correctamente y se resumen en: mi pareja prefiere salir de fiesta con sus amigos que conmigo. Es cierto que tengo preocupaciones mayores, pero hasta la noche de ayer, estas últimas, a diferencia de la primera, no han alcanzado la magnitud de pesadilla.
Es difícil explicar cómo he llegado hasta este punto, pero desde que alcancé la conclusión, la realidad se ha convertido en un bucle que se retroalimenta, un maldito círculo vicioso. Mi desilusión hace que salir conmigo sea cada vez más aburrido y salir con sus amigos una agradable válvula de escape para ella.
En alguna ocasión hemos abordado el tema, pero la conversación ha concluido en perjuicio para los dos, en un desastre, una derrota compartida, que en mi caso, va minando poco a poco mi autoestima porque calladito y prudente sabía que era, pero soso, soso no.
Ayer era jueves, ella había firmado un nuevo contrato por el que trabajará tres fines de semana al mes, cotizando doce horas diurnas cada sábado y domingo trabajado. Mientras cenábamos me comentó que apenas podría salir con los nuevos horarios, quizás a tomar una copita rápida la noche del viernes o el sábado. Tenía que madrugar al día siguiente y dijo que pretendía acostarse temprano, le esperaban otras doce horas de jornada hoy viernes. Cuando acabamos de cenar, le propuse hacer una copa prometiéndole que volveríamos pronto a casa. No hubo manera. En el local de destino había un espectáculo gratuito que busqué a su gusto, pero a ella no pareció importarle. Al final, descarté el último brindis y del restaurante, dando un corto paseo, a petición suya nos fuimos a dormir. Antes de entrar al portal, me comentó que saldría los jueves de fiesta con su mejor amiga aprovechando que ésta estaba de vacaciones y su novio no.
Yo hice cuentas con los dedos, pero no me salieron. Los antecedentes de plantón, peor encajados, supusieron ese característico ardor de pecho entre la rabia del enfado y la pena, además de hacerme sentir mal conmigo mismo por parecer una novio celoso o dominante, pero el desplante de ayer nada más lejos, sólo vacío, vacío porque para mí sí es importante salir con mi chica y compartir la noche, pero ella parece sólo estar dispuesta a compartir las veladas aburridas. La pesadilla de ayer constata que no es fácil llenar ese vacío, aunque en horas de vigilia sea consciente que soy una persona afortunada por tener un sueldo y no estar enfermo.
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