lunes, 4 de mayo de 2009

Full de faroles y jokers

Es extraño, me lo imaginaba de otra manera: envuelto de humo con olor a azufre, pezuñas de cabra, mirada intensa que incomoda, manipulador y algo vendemadres, pero no, no huele a azufre sino a alcohol destilado, apenas habla, aunque mantiene una sonrisita amable en los labios, y su mirada es distraída, no parece concentrado en la partida.
Si no fuera porque sé quién es, todavía pensaría que es buena gente.
Sin embargo la mano está complicada, por no decir perdida. Mis opciones son pocas. Quizás marcarme un farol que le caiga en gracia y por afinidad de tramposo considere la posibilidad de dejarse ganar.
Pido dos cartas.
Él cambia las cinco. No me gusta: o no tiene buen juego o se está quedando conmigo.
Apuesto, iguala mi apuesta y sube. La veo y enseño mis cartas:

repóker de jokers, la jugada imposible.

Su juego: ascensor de color -dice con voz grave aplastante sin levantar la mirada del centro del tapete-.

No debí confiarme, este ascensor sólo tiene botón de bajada para la planta del sótano.
Ahora que me fijo, el joker de las cartas se le parece.

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