Si el hombre es un lobo para el hombre, no es de extrañar que una de las mascotas domésticas preferidas por la humanidad sea el perro. Supongo que si Hobbes viviese en nuestra época hubiese completado esta frase con y la mujer es una leona para la mujer, pero me reservo los motivos que me llevan a inducir tan discutible conclusión.
Lo importante es que este filósofo, retratándose como un lobo, no olvidó el componente biológico frente al racional. Hobbes fue consciente de ser un organismo más del mundo natural, aspecto que hoy en día no todos parecemos tener presente. En general podría decirse que amamos la naturaleza, pero es superior nuestra voluntad de someterla.
En algunos países desarrollados nos hemos acostumbrado a no tener depredadores y caminamos a nuestras anchas por campiñas y bosques. Por suerte, en ocasiones la naturaleza nos supera y hace recordar que no somos más que homínidos frágiles, primos hermanos del chimpancé que sin un palo en la mano y una antorcha en la otra no tenemos autoridad en este planeta.
En una ocasión, viajando en coche por una carretera comarcal de Extremadura, que más que comarcal diría que era de tercera regional a punto de descender de categoría, me encontré con un toro bravo en medio del asfalto. Pude frenar a tiempo y a la distancia suficiente para que el animal no se asustase. No quedó otra que apagar el motor y esperar dentro del vehículo, el mejor de los burladeros posibles. Era conocedor que estos bichos saltan las zanjas, pero nunca imaginé que pudiera cruzarme con otro toro que no fuese el de los carteles publicitarios de Osborne.
Aquel hermoso ejemplar, negro como la noche y con una osamenta profesional, pareció no inquietarle mi presencia. Se quedó mirándome tranquilo en medio de la carretera sin intención de apartarse. Por un momento tuve la intención de bajarme del coche como Cocodrilo Dundee, acercarme a la bestia con paso serenado y hacerle el saludo de Ronaldinho en el entrecejo, no hubo cojones.
Sé que hoy en día esto no es lo que se entiende por respetar la naturaleza, pero respeto si que tuve y mucho. Es el miedo el que me conduce al Leviatán.
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