miércoles, 13 de mayo de 2009

La media naranja mecánica

Hace tiempo que sé que Melchor, Gaspar y Baltasar están censados en el registro civil, lo digo así por si alguien prefiere seguir manteniéndose en la inocencia. En cierta medida, algo parecido me pasaba a mí con el amor romántico. Hasta la fecha había sido un ferviente defensor de esta filosofía emocional. Pensaba que existía. La culpa la tienen esas producciones cinematográficas de Hollywood que te hacen sentir que el amor ha de llegar de manera explosiva y, además, como último objetivo: te plantan un fin y unos créditos y se quedan tan anchos.
Luego tú te pasas la vida esperando al amor de tu vida, imaginando cómo será tu media naranja, deseando que uno de esos guiones filmados se presente en tu realidad cotidiana y te haga sentir que eres el actor principal del universo que te rodea. Esto en sí no es malo, pero es preocupante si de tanto esperar llega el día en que mueren tus padres y entonces te das cuenta que ese año no tienes regalo de reyes.
El amor verdadero me lo hizo ver una prenda de vestir inteligente en una tienda equipada con domótica avanzada. Después de dos días buscando y probándome camisetas de manga larga por un sin fin de establecimientos, va y me encapricho de una en esta tienda innovadora. Cuando te cuesta tanto decidir, es tan satisfactorio encontrar lo que buscas.
El dependiente, más que un comercial parecía un informático. Me atendió muy amable y me informó del funcionamiento de aquellos probadores tecnológicos de alta gama.
Para mi sorpresa, después de tanta parafernalia, cuando me planté delante de un espejo pixelado con la camiseta aún por sacar de la percha, en el reflejo observo que ésta se cruza de mangas y me dice: yo no quiero ser tu camiseta.
Rompió todo el romanticismo, sí, pero que importante son las palabras sinceras en el amor.
El dependiente me indicó que si estaba interesado en la prenda, podía comprarla igualmente. Preferí no hacerlo. Ahora de vez en cuando la voy a visitar y charlamos de nuestras cosas. Me ha dicho que una chaqueta tejana está interesada en mí.

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