
[Esta entrada contiene un elevado número de referencias íntimas. Es una pena porque en forma de relato o cuento, al estilo de otras, se le hubiese podido sacar partido. Aviso porque rompe con la dinámica del blog, pero ni es la primera ni será la última. Eso sí, al menos los que no quieran perder el tiempo leyéndola, agradecerán esta nota aclaratoria.]
NIÑO, ¿CUÁNTAS LUNAS HAY EN EL CIELO?
MADRE, NO HAY MÁS QUE UNA
Cuando la vendedora de petardos de tu barrio se llama Prudencia, la doctora del centro de asistencia sanitaria, Remedios, y la vigilante nocturna del Museo de cera, Soledad, no es un buen augurio que tu madre se llame Dolores.
Hace unos días un compañero de trabajo quiso enrabietar a mi hermana diciéndole que iría al infierno por unos comentarios que había hecho. La respuesta de ella fue: no, porque mi padre me está esperando en el cielo. Al regresar del almuerzo y volverse a encontrar, el compañero le preguntó por qué nunca hacía referencias de su madre. Le inquietaba saber si el paso del tiempo le había borrado los recuerdos.
Ella me lo explicó como una anécdota, pero reconoció que nunca hablaba de la mama, de nuestra madre.
Dolores es la gran ausente. Simplemente se fue. Por negligencia médica, sí, pero hacía mucho tiempo que sufría y se cansó, nos dejó solos. Escribir de ella no me entristece, quizás simplemente me anuda la garganta y los ojos se me humedecen, pero aunque estemos enfadados con ella, no la olvidamos porque la queremos.
Todos los hermanos, por fortuna, hemos heredado su caída de ojos.
La intención de esta entrada no es hacer un homenaje a mi madre, eso lo hice en una entrada anterior de este mismo blog. Tampoco pretendo el sentimentalismo, aunque visto el tercer párrafo no lo parece. Lo cierto es que ayer me enviaron un mensaje escrito de móvil que me emocionó y lo único que tengo claro es que en este mundo soy la herencia de mis padres.
De mi progenitor escribiré otro día. ¿Mejor, verdad?
Quiero reproducir el mensaje porque yo también me leo a mi mismo y seguro que con el tiempo volveré a emocionarme leyendo estas líneas. No digo que esté de acuerdo con el contenido, pero es una maravilla.
Gracias a la providencia que te puso en nuestro camino cuando más lo necesitamos y gracias por esperarnos al final. Aunque no lo creas en su día fuiste una pieza clave en el puzzle de nuestras vidas.
NIÑO, ¿CUÁNTAS LUNAS HAY EN EL CIELO?
MADRE, NO HAY MÁS QUE UNA
Cuando la vendedora de petardos de tu barrio se llama Prudencia, la doctora del centro de asistencia sanitaria, Remedios, y la vigilante nocturna del Museo de cera, Soledad, no es un buen augurio que tu madre se llame Dolores.
Hace unos días un compañero de trabajo quiso enrabietar a mi hermana diciéndole que iría al infierno por unos comentarios que había hecho. La respuesta de ella fue: no, porque mi padre me está esperando en el cielo. Al regresar del almuerzo y volverse a encontrar, el compañero le preguntó por qué nunca hacía referencias de su madre. Le inquietaba saber si el paso del tiempo le había borrado los recuerdos.
Ella me lo explicó como una anécdota, pero reconoció que nunca hablaba de la mama, de nuestra madre.
Dolores es la gran ausente. Simplemente se fue. Por negligencia médica, sí, pero hacía mucho tiempo que sufría y se cansó, nos dejó solos. Escribir de ella no me entristece, quizás simplemente me anuda la garganta y los ojos se me humedecen, pero aunque estemos enfadados con ella, no la olvidamos porque la queremos.
Todos los hermanos, por fortuna, hemos heredado su caída de ojos.
La intención de esta entrada no es hacer un homenaje a mi madre, eso lo hice en una entrada anterior de este mismo blog. Tampoco pretendo el sentimentalismo, aunque visto el tercer párrafo no lo parece. Lo cierto es que ayer me enviaron un mensaje escrito de móvil que me emocionó y lo único que tengo claro es que en este mundo soy la herencia de mis padres.
De mi progenitor escribiré otro día. ¿Mejor, verdad?
Quiero reproducir el mensaje porque yo también me leo a mi mismo y seguro que con el tiempo volveré a emocionarme leyendo estas líneas. No digo que esté de acuerdo con el contenido, pero es una maravilla.
Gracias a la providencia que te puso en nuestro camino cuando más lo necesitamos y gracias por esperarnos al final. Aunque no lo creas en su día fuiste una pieza clave en el puzzle de nuestras vidas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario