miércoles, 17 de junio de 2009

Y, entonces, el hombre descubrió la rueda

Lo tíos de Lavinia vivían en una urbanización en las afueras de Vallirana. La casa se encontraba en la parte alta de una cuesta pronunciada, en la falda de una pequeña atalaya. A Lavinia le encantaban los domingos que su familia era invitada a comer en casa de sus tíos. La casa disponía de un amplio patio en el que la niña jugaba durante horas y horas. A pesar de tener dos hermanas y tres primas, la diferencia de edad entre ellas hacía que Lavinia tuviese que conformarse con jugar sola mientras el resto de la familia preparaba la comida y conversaba alrededor de los fogones de la cocina.

Un día, mientras recogía las almendras caídas de un almendro, observó que había una sandía en uno de los rincones del patio. La sandía era hermosa, de cáscara brillante, grande como un balón de fútbol. Lavinia cogió la sandía y se fue a la cuesta de la calle. La puso en el suelo y corrió unos metros más abajo para cogerla, quizás por jugar, quizás por ponerse a prueba y sentirse bien superando el reto. Lo cierto es que cuando se giró y sus pequeñas manos intentaron parar el rodamiento de la sandía, está superó la fuerza de la niña y pasó escurridiza entre sus piernas.
Lavinia se giró deprisa, pero la sandía bajaba tan rápida por la cuesta que no pudo reaccionar, no había posibilidad de atraparla, parecía maldita, empezando a dar pequeños saltos que se fueron engrandando a medida que se acercaba el final de la calle.

La niña, que tenía la sensación de estar visualizando la escena como una película a cámara lenta, viendo que tomaban los saltos cada vez mayor altura sintió como crecía en paralelo una angustia en su interior. Si por aquel casual algún vecino salía de su vivienda en ese preciso instante se hubiera expuesto al mamporrazo de sandía de su vida. Por suerte, ésta tomó en uno de los rebotes más altura de lo habitual y terminó su recorrido explosionando contra el suelo.

Lavinia observó de lejos primero. Ningún vecino apareció en la escena del crimen. Bajó la cuesta y comprobó que la sandía se había hecho añicos, esparciéndose por portales y vehículos varios. No quedó trozo que pudiese recuperar. Fue entonces cuando decidió regresar a casa de sus tíos y explicar lo sucedido.

Sus tíos no daban crédito a lo que Lavinia explicaba. Le decían: ¿Por qué has hecho eso? ¡No lo entiendo! ¿Cómo dices que lo hiciste?

Las palabras de los familiares no se referían directamente a la actitud de Lavinia. Sin embargo, sus alusiones a no entender las razones de la niña le daban a entender que no aprobaban su comportamiento. De hecho, Lavinia se limitó a explicar los hechos, sin dar motivos o justificarse. No tenía respuesta para las preguntas.

Realmente a los tíos de Lavinia, pese al disgusto de sus padres, el incidente les pareció divertido. La niña, que esperaba una reprobación más fuerte, sintió que su mayor preocupación fue no poder reponer una nueva sandía para el postre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario