jueves, 25 de junio de 2009

Co(efi)cientes y productos I

[Trimatología]

La encuadernación

En la escuela de Khaled la maestra de educación plástica impartía las clases en un enorme salón de la planta baja. Las mesas eran espaciosas y se encontraban separadas entre sí para que los alumnos pudieran trabajar cómodos. En el salón, además, había seis anchos pilares sujetando el techo que acondicionaban aún más la disposición de las mesas. Todo ello, sumado a la necesidad de dedicar atención especial al desarrollo de las actividades de cada grupo, imposibilitaba a la maestra controlar a todos los alumnos.

Con el fin de impedir que los niños se distrajeran o armasen alboroto, la profesora de matemáticas apoyaba a la maestra de plástica realizando labores de vigilancia. Sin duda era la mejor para esta función en toda la escuela. Durante años se había forjado una reputación de mano de hierro, de maestra estricta proclive a los castigos, que Khaled conocía bien por las historias que le contaba su hermana mayor.
Vestía bata blanca y usaba frecuentemente gafas de sol durante las clases. En las de plástica, se limitaba a pasear en silencio por el salón con los brazos en cruz.

En una de sus clases, la maestra de plástica decidió enseñar cómo forrar un libro con papel de periódico para proteger sus tapas. Para ello pidió que se pusiera sobre la mesa un libro de texto y entregó a cada grupo varias hojas de diario. Preparado el material, indicó a los alumnos los pasos de la encuadernación. Mientras explicaba, ella misma iba forrando las tapas de un libro a modo de ejemplo para que los niños la viesen.

Cuando les tocó a los alumnos encuadernar el suyo, Khaled, como el resto de compañeros, cogió su correspondiente hoja de periódico y comenzó la tarea. En uno de los pasos, que no recordaba bien, se puso a pensar y su labor quedó encallada. Comenzó a probar varias dobleces en el papel para solucionar el problema y poder continuar.
En ese preciso instante, la mano de la maestra de matemáticas, como caída del cielo, abofeteó la cara de Khaled sin que éste se lo esperara.

Khaled quedó paralizado, expectante. La maestra lo miró unos segundos, pero no dijo nada. Se limitó a girarse y seguir su paseo entre las mesas. Khaled continuó la tarea sin entender lo sucedido.

Durante el recreo, Khaled le explicó a un compañero de otro grupo los hechos. Seguía sin entender qué quería la profesora de él. El otro niño reconoció haber oído el ruido del guantazo, aunque creía que alguien había roto una regla de medir de plástico. Khaled, entonces, tomó más conciencia de la enorme bofetada que había recibido.

Ese fue el primer año que le tocó ser alumno de la famosa maestra de mates. Todavía le quedarían dos más.

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