sábado, 3 de octubre de 2009
Sosiego, te decían...
Solo estoy tan relajado que pienso que no puedo enamorarme, que sin sufrimiento mi pasión apenas arde, continúo con mis hábitos, mis rutinas y costumbres, me sonrío en los espejos que no suelo vislumbrarme y acaso no pienso en ti, claro que pienso, pienso sin verbalizar interiormente mis sentimientos y emociones, pienso en vacío a cada instante, como concepto difuso y plásticamente insuperable, porque estás ahí y si escucho la música que me grabaste, me fundo en el recuerdo inmediato de la última noche que me despediste, del último segundo que me besaste; y no me aferro a la melancolía porque sé que volveré a verte, volverás a llamarme y te esperaré sentado en los bancos, esta vez inquieto, pero con el deseo de enternecerme y tranquilizarme para estar sosegado delante de tu mirada, de tu mano que reposa en mi pecho, de tus dedos acariciando los rizos que cuelgan de mi cabello, mientras mis brazos invaden tu dorada piel y redescubren tu infinito cuerpo de amante.
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