jueves, 17 de diciembre de 2009

Absolutas necedades

Definitivamente, Barcelona está de moda en moda; shoppers, decoradores y escaparatistas de diferentes nacionalidades tienen en esta ciudad un punto de referencia. Lo más probable es que no todas las ideas sean genuinas, pero el pequeño y mediano mercader catalán se esfuerza por estar en la vanguardia de la originalidad si los beneficios compensan. Marcando tendencia, sin embargo, no sólo obtienen partido las pymes más atrevidas, aprovechando la lana que cardan otros, también las cadenas de establecimientos de una marca comercial concreta se suman a esta oferta de marketing, por cierto, gratuita para aquellos que no consumen sus productos, y no es difícil comprobar que ya no sólo buscan abrir un negocio determinado, sino que éste aporte un valor añadido por ser innovador en su reclamo comercial, como aquellos Todo a Cien, hipermercados que universalizaron el precio de venta al público de todos sus artículos a cien pesetas y quedaron obsoletos con la llegada del euro, o aquellos Caffè di Roma, que te invitaban a entrar en el local porque habían decidido eliminar las puertas de acceso de la calle aunque, solo o con leche, el café te lo pagabas tú, ideas arriesgadas con cierto gancho que en su momento tuvieron éxito .

Pero, en esta línea, la joya de la corona la descubrí hace poco mientras compraba los regalos de Navidad en una tienda de conveniencia para las fiestas de este año, en el luminoso, Caprichos para Señora, y tan anchos.

Bajo la primera impresión, no me sorprendió el rótulo, desde un punto de vista clásico masculino todos los aparadores con complementos femeninos son como un chalet en el campo, una exposición de artículos de segunda necesidad; sin embargo, cuando supe que se trataba de una franquicia y que ya son cuatro los establecimientos con este nombre abiertos 24 horas en Barcelona, no pude contener mi curiosidad y acabé entrando para comprobar si los productos ofertados diferían sustancialmente de los de siempre. Grata sorpresa la mía, un nuevo modo de hacer shopping ha desestructurado mi genuina simplicidad varonil. Entre otras rarezas, en los estantes de cosmética encontré unos pintalabios de apariencia transparente que sólo remarcan los labios en la oscuridad con colores fluorescentes; en la sección de lencería, una medias lisas de colores extremos que regalaban con la compra de una montura de gafas sin cristales del mismo color; en un apartado con el cartel Placeres Íntimos, un tampón de material indescriptible -no era látex, seguro-, con forma de micro-pene eréctil de la marca Eltamañoimporta; en moda joven, chaquetas-chaleco triversibles para primavera, otoño e inverno, es decir, toda la temporada excepto los calurosos meses de verano, en los que puedes quitarle las mangas a la chaqueta; en perfumería, un perfume que una vez aplicado se puede activar y desactivar rociándolo con un spray de monopartículas inocuo para la salud; y así podría continuar, con muchos otros productos, pero lo que más me fascinó fue la sección de saldos, que habían renombrado con el rótulo Absolutas Necedades, en el que pude encontrar a un ligón de discoteca con un vaso de tubo vacío en la mano, un romántico con un ramo de flores majestuoso, un ejecutivo de media edad trajeado y con el pelo canoso, un intelectual con la trilogía del Larsson bajo el brazo y un monitor deportivo operado con la cara de Cristiano Ronaldo, concluyendo, hombres a la venta de carne y hueso.

Le pregunté al ligón de discoteca si las consumiciones eran gratis, me contestó balbuceando y no le entendí, no pude más que recriminar a la dependienta por tener un producto con tara y no haberlo retirado. Cuando me giré, escuché como la encargada le susurraba un qué le pasa a ese, refiriéndose a mí, al que la joven contestó con un tono moderado ni caso, está fuera de catálogo y, además, ha perdido la etiqueta.

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