miércoles, 30 de diciembre de 2009

Duerme, Fénix

[Este no es un buen texto para leer, no lo aconsejo, es personal y deprimente; tampoco es un reflejo despótico de mi estado de ánimo, quizás un brote psicótico más pronunciado de lo habitual, un momento de flaqueza porque me entristece pensar que todo lo bueno que me está pasando se puede acabar.]

Hoy estoy enfadado conmigo mismo; enfadado por no hacer lo que me propongo; enfadado porque las cosas no son como yo quiero; enfadado porque no soy capaz de relajarme y pensar en positivo. Mi mundo interior da vueltas y es irrespetuoso, insultante, en ocasiones, destructivo, me castiga, me irrita, me paraliza; los consejos que ofrezco a los demás, soy incapaz de aplicarlos en mi persona; me agoto y absorbo; la duda me atormenta; mi autoestima se desvanece, se desestabiliza, hoy no soy yo, soy una sombra de lo que fui ayer o, posiblemente, seré mañana; no tengo un buen día, no tengo amor, no tengo nada; y, sin embargo, lo tengo todo.

Mis emociones sentimentales crecen en proporción a mi miedo de volver a quedarme solo, al abandono, al desapego que me destierra de los seres queridos; y me transformo en un monstruo, en un maldito monstruo que no se reconoce, que se calza trabas para vivir y se protege de la vida mientras tropieza, que se aísla para resurgir de sus cenizas y renacer más adulto. Éste es mi peor fantasma, mi lucha constante, el escollo más farragoso que deseo superar, es la puta razón que me mantiene en reserva.

Pienso en presente y me autoculpabilizo de ser como soy en este preciso instante, pero sé que mañana una caricia de mi amada, una sonrisa de un desconocido, una llamada de un amigo, me harán recordar que soy normal, que he de aprender a controlar mi desasosiego, que no pasa nada si tuve un mal día ayer y me supe perdonar; quizás aquí es donde converge mi error, quizás ésta sea mi gran equivocación y hoy, sólo hoy, me encuentre confundido de toda una juventud perdida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario