jueves, 31 de diciembre de 2009

Mayday, baby

La invasión hormonal es imparable, los neuroconectores se liberan para dejar explosionar las sustancias extrañas dentro de las células vírgenes, es el momento de alunizar en el planeta diente de sierra, el cénit de las miradas fotosensibles, la sonrisa épica de los argonautas de Jasón.

Revelas al ritmo percusor las caricias en los pliegues de la ropa, acaloradas fricciones de desidia controlada, sinuosa y desgarrada; comienza la anunciación, la progresión del subidón, el crescendo que enturbia la mente y derrite las curvas de una fisonomía impulsivamente temblorosa.

Y explotas, desnudo el torso aunque vestido, sudoroso, flotando el cabello en un aura invisible, reflejado en las pupilas dilatadas a cuarto menguante de las almas errantes, evadido hasta la extenuación, hasta el próximo acelerón desenfrenado en barrena, rozando con los dedos la mundana salvación; se acaba el mundo, colega, se acaba.

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