Hace cosa de un mes la Seguridad Social me realizó una entrevista telefónica, con encuesta incluida, con motivo de actualizar su base de datos y mi historial médico, al parecer incompleto. Al finalizar la entrevista me preguntaron si quería formar parte de un proyecto social de intervención comunitaria que tenía como objetivo mejorar el servicio de atención sanitaria en la localidad donde estuviese empadronado.
La idea parecía interesante y accedí.
Antesdeayer me llamaron para concretar fecha y hora de una reunión. Me convocaron en un lugar informal, una cafetería, y especificaron que la persona de contacto se presentaría con una carpeta del Servei Català de Salut con el logo serigrafiado.
Acudí a la reunión. Allí se encontraba la persona de contacto con la carpeta de seña. Me presenté y pedí un café. Estuvimos un tiempo hablando: un poco del tiempo meteorológico, otro poquito de las conversaciones de ascensor que tienen como tema central el tiempo meteorológico, en fin, conociéndonos. El café se quedó corto y con el paso de los minutos le sumé dos refrescos más. Estos dieron para buscar unas cuantas soluciones a los problemas del mundo.
Como observé que no tenía prisa por entrar en detalles, acabé preguntándole por el motivo de la reunión. Resulta que su médico de cabecera le había diagnosticado una hiperactividad galopante. Como terapia le prescribieron un vampiro energético y el centro de salud se comprometió a organizarle las sesiones. Y en eso estaba, ¿no?
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