Hace unos días, mientras aprendía en la cola de un casting para un anuncio publicitario el slogan Lo que la vida no me asegura, me lo asegura Preventis, mi agencia aseguradora, me cautivó la conversación de unas chicas a la espera de su turno. Especulaban con la posibilidad de contratar un seguro y qué asegurarse, pero la conversación había degenerado tanto que ya íbamos por el te imaginas que un genio te concediese el deseo de mantener joven para toda la vida una parte de tu cuerpo, que le pedirías.
Las tres coincidieron en preservar la cara.
No pude resistir entrometerme y les pregunté por qué la cara y no el corazón, por ejemplo. Una de ellas respondió con rotundidad: No hay nada que un cuello de cisne, un tres cuartos y un buen sombrero no puedan remediar.
En ese preciso instante comprendí que eran modelos profesionales y que mis posibilidades en aquel casting eran nulas.
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