Esta mañana me he levantado con el pie derecho y me apetece escribir algo alegre porque hace un sol maravilloso, porque el vecino del cuarto me ha dado los buenos días, porque no he perdido el autobús, porque he desayunado un bocadillo de jamón y queso, porque en el trabajo todos sonreían, porque tenía más ganas de escuchar que de ser escuchado, porque se han acabado los encierros y ya no habrán más víctimas, porque sopla una ligera brisa que apacigua el calor del verano, porque me quedan pocas horas para salir de la oficina, porque he cerrado los ojos y he pensado en momentos felices, y me he dado cuenta que no me queda suficiente día para recordar todos esos momentos.
¿Alguna vez has corrido por un campo en el que la maleza te llegara hasta la cintura? Es imposible ver el suelo pero no piensas si puedes caer en un pozo, si alguno de esos miles de insectos que huyen despavoridos puede picarte, si te vas a incrustar una zanja de espino oculta entre los matorrales. Es más bonito aún si lo haces en compañía y eres el más rezagado. Observas los saltos de tus compañeros y su júbilo te devuelve por un instante a la inocencia de la infancia.
Algunos de estos recuerdos son vivencias asequibles, sencillas, pero aún así existen personas que no los han experimentado nunca o de manera similar. Por ello, vale la pena que el único que los puede evocar no los olvide y los tenga presente de vez en cuando. Por ello, vale la pena conmemorarlos con una sonrisa.
Si hoy estás triste, ya los compartiremos otro día.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario